16 de septiembre de 2026
Una brújula crítica para el jurista contemporáneo: Diálogo con Riccardo Cardilli y Roberta Marini sobre la historia del derecho, el normativismo y la resistencia social
Por: Natalia Rueda y Paula Natalia Robles Bacca[1] [2] [3]
El derecho nunca es neutral; es el reflejo vivo de las tensiones, batallas y valores de la sociedad que lo construye. Comprender cómo nacieron nuestras instituciones actuales exige mirar al pasado, pero la historia no se lee de una sola manera. Un mismo documento jurídico puede ser una obra de arte institucional para un investigador, o una herramienta de control social para otro. Para debatir sobre la relevancia de la historia del Derecho hoy, las Profesoras Natalia Rueda y Paula Natalia Robles Bacca convocaron a un diálogo de contrapunto con dos voces autorizadas y con enfoques fascinantes en la materia: Riccardo Cardilli y Roberta Marini, ambos catedráticos de la Universidad de Roma Tor Vergata.
En esta conversación, que transita con fluidez entre la academia europea y la realidad latinoamericana, se desestructuran los grandes dogmas del derecho moderno. A lo largo de la entrevista, los profesores abordan desde la vocación del jurista entendida como un “arte de lo bueno y lo justo” (ars boni et aequi), hasta las críticas ideológicas que ha sufrido el derecho romano por parte del marxismo, el nacionalsocialismo y el normativismo kelseniano. Asimismo, el debate se adentra en temas de palpitante actualidad, como la insuficiencia de la igualdad puramente formal o la resistencia de los pueblos frente a la voracidad del capital transnacional.
A continuación, presentamos la transcripción completamente revisada, traducida y editada de este valioso encuentro, pensado para convertirse en un texto de reflexión crítica para estudiantes, académicos y profesionales del derecho.
Transcripción de la Entrevista
Natalia Rueda / Paula Robles Bacca: ¿Nos pueden contar una anécdota personal relevante en relación con su actividad docente y de investigación vinculada a la historia del derecho?
Riccardo Cardilli: Retrocedamos a 1988. Yo era un joven estudiante de Derecho en la Universidad de Roma Tor Vergata. Me apasionaba profundamente el derecho privado y había obtenido las máximas calificaciones, tanto en los exámenes de derecho romano como de derecho privado. Debido a esto, el profesor de derecho privado me pidió que realizara mi tesis de grado con él, pero, casi al mismo tiempo, el profesor de derecho romano me hizo la misma propuesta. Yo me encontraba en una encrucijada, pues veía en el derecho privado el espejo vivo de la sociedad, de las relaciones cotidianas, de los contratos y de las sucesiones; sentía que lo que aprendía era de utilidad inmediata. Con muchas dudas, pregunté si era posible realizar una tesis conjunta sobre derecho romano y derecho civil bajo la tutela de ambos profesores.
En aquel entonces, el profesor de derecho romano era Sandro Schipani y el de derecho privado era el profesor Palermo. Comencé a trabajar con ambos en mi investigación. En la primavera de 1989, justo antes de mi sustentación en otoño, el profesor Schipani me invitó a un encuentro en la Universidad de la Sapienza con un académico de Turín a quien yo no conocía: Filippo Gallo. Aquel día, Gallo dictó una conferencia sobre la definición del derecho.
Partió de las primeras palabras del Digesto, redactadas por el jurista Ulpiano en el siglo III d. C., quien a su vez citaba a Celso, un jurista de la época del emperador Adriano. Celso definía el derecho como el ars boni et aequi (el arte de lo bueno y de lo justo). El profesor Gallo explicó cómo nuestra concepción contemporánea del derecho, reducida a una simple norma estática, nos hacía imposible comprender cómo el ser humano había sido capaz de definir el derecho como un arte. El término arte evoca dinamismo, desarrollo y un compromiso humano activo. Gallo señaló que, incluso en una sociedad esclavista y dura como la romana, los juristas habían identificado en este concepto una “Estrella del Norte” para empujar a la sociedad hacia un mundo más justo a través de la ley.
Yo tenía 23 años. Había elegido la carrera de Derecho sin saber muy bien por qué, pero ese día lo entendí todo. Experimenté lo que podría llamar una revelación. Comprendí la verdadera misión del jurista: un ser humano de su tiempo que estudia el derecho para mejorar las cosas, que no puede caminar solo al borde del precipicio, sino que debe llevar consigo el equipaje de las profundidades de la historia. Comprendí que el conocimiento jurídico, el ver el derecho en la relación real entre las personas, es una herencia extraordinaria nacida en la antigua Roma, y que el derecho romano era verdaderamente un faro para comprender y profundizar en el presente.
Roberta Marini: En realidad, puedo añadir muy poco a lo que ha compartido Riccardo, pero sí puedo contarles brevemente mi propia experiencia. Estudié el bachillerato clásico, y los clásicos latinos y griegos siempre fueron una de mis grandes pasiones. Cuando me inscribí en la facultad de derecho, lo hice con la firme convicción de que el derecho era un instrumento potente de lucha para mejorar la sociedad, una herramienta para transformar el día a día de las personas y construir un mundo más justo. Sin embargo, como bien decía el profesor Cardilli, viéndolo en retrospectiva me doy cuenta de que al elegir la carrera uno no siempre tiene plena conciencia de ello; para casi todos nosotros es, en cierta medida, una apuesta.
A pesar de las dudas iniciales, me apasioné desde los primeros exámenes. El primero que presenté fue Filosofía del Derecho, y el segundo, Instituciones de Derecho Romano. Debo confesar que este último no me entusiasmó demasiado. Pero todo cambió cuando cursé Historia del Derecho Romano con el profesor Sandro Schipani. Quien me tomó el examen oral fue el asistente de la cátedra —hoy mi gran amigo y colega—, el profesor Massimiliano Vinci, y fue en ese curso, tras seguir las lecciones de Schipani, donde verdaderamente me apasioné por la materia.
Esa pasión nació por dos razones fundamentales. Por un lado, me permitió conjugar mi amor por el mundo clásico y las fuentes latinas y griegas con los estudios profesionales que estaba realizando, dándome cuenta de que aquella pasión de juventud no tenía por qué quedarse solo como un pasatiempo, sino que podía convertirse en mi profesión. Por otro lado, descubrí la idea de un derecho romano vivo y actual. El trabajo del historiador del derecho no es un mero ejercicio de erudición o coleccionismo de antigüedades, sino una herramienta indispensable para comprender mejor y realizar una lectura crítica de nuestro sistema jurídico actual. Eso me fascinó.
A partir de ahí, cursé todas las asignaturas históricas posibles entre el primer y segundo año: Derecho Romano I (obligatorio), Derecho Romano II (opcional), Exégesis de las Fuentes del Derecho Romano, entre otras. Cuando llegó el momento de elegir el tema de mi tesis de grado, la profesora de Procedimiento Penal, una materia que me había gustado muchísimo, me propuso hacer la tesis con ella. Sin embargo, el profesor Schipani ya me había propuesto lo mismo desde mi segundo año. Tras pensarlo bien, me decanté por el derecho romano.
No elegí yo misma el tema de investigación; me fue asignado un asunto de derecho privado que el profesor Cardilli conoce a la perfección porque ha sido uno de sus grandes campos de estudio: Dalla Fides alla Bona fides: diritto romano e codici moderni (De la fides a la buena fe: derecho romano y códigos modernos). Mi director de tesis (relatore) fue el profesor Schipani, y mi codirector (correlatore) fue el propio profesor Cardilli.