8 de abril de 2026
La urgencia de una lectura desde el derecho civil al mercado de donación de óvulos
El mercado global de donación de óvulos opera a través de una llamada “economía moral”, entendida como un sistema que se presenta a sí mismo como donación altruista mientras funciona como una bioeconomía comercial que extrae esfuerzo reproductivo de mujeres económicamente vulnerables[3]. Esta no es una simple tensión semántica. La “donación de gametos” está enmarcada de forma simultánea como un regalo (altruista, caritativo, más allá de la lógica de mercado), y como una bioeconomía que involucra “trabajo (rec. esfuerzo) clínico”[4] (estimulación hormonal, extracción quirúrgica y compensación monetaria).
El problema es que el discurso jurídico y el médico despliegan el lenguaje de “donación” y “altruismo”, mientras que desde el punto de vista técnico la provisión de óvulos tiene lugar como un servicio pagado dentro de una economía informal pero robusta. Esto crea lo que Bonyad llama la “narrativa formal del altruismo”, que enmascara la compulsión económica que impulsa la participación[5].
Frente a las distintas narrativas y su contradicción con el funcionamiento del sistema, urge una mirada desde el derecho civil, de las personas, pero también de los contratos y de la responsabilidad civil.
A continuación, quiero proponer algunos elementos para la reflexión más detenida en distintas áreas y llamar la atención sobre la necesidad de recuperar la centralidad de la persona en las reflexiones del derecho.
I. Algunos aspectos sobre el funcionamiento del mercado reproductivo en el contexto de la donación, la creación de la demanda y la manipulación a los adquirentes
La teoría de la hiperrealidad de Jean Baudrillard (la condición en la cual las representaciones se vuelven indistinguibles de la realidad que pretenden representar) ofrece un marco teórico útil para comprender los mercados contemporáneos de donación de óvulos. En las economías hiperreales, los signos (representaciones) se convierten en simulacros: copias sin originales, sin origen, sin realidad[6].
Bokek-Cohen revela que los perfiles de donantes de óvulos funcionan precisamente como simulacros, pues la “donante” presentada en los materiales publicitarios para la operación de marketing no corresponde a la realidad biológica de una mujer proporcionando gametos, sino una narrativa cuidadosamente diseñada para el consumo; el perfil simula “autenticidad” mientras está enteramente construido para propósitos de mercado; y, en fin, los receptores interactúan con identidades hiperreales que invitan a la proyección, no con personas reales con agencia y complejidad. Esto ocurre porque las sociedades de consumo posmodernas dependen de la imaginación y construyen modelos representativos de simulación de la realidad[7]. Esto significa que la televisión, las redes sociales, las plataformas digitales y el marketing crean realidades imaginadas que los consumidores habitan y la transacción se constituye ya no como una compra de material biológico, sino como una actualización de una identidad psicológica ideal.
Así, los intermediarios en el proceso de donación y adquisición de óvulos han desarrollado formatos de perfiles estandarizados que se asemejan, de forma bastante sorprendente y, por qué no, inquietante, a los perfiles de plataformas de citas en línea, incluyendo, además de datos biológicos y médicos (como altura, peso, color de ojos o historial médico y fotografías), otros marcadores de identidad social (como descriptores de personalidad, logros académicos y profesionales, gustos personales o metas). Con ello, se cumple un propósito comercial específico, consistente en la personalización de lo que es esencialmente un intercambio de material celular. Allí se transforma una transacción en una narrativa de conexión y compatibilidad.
Adicionalmente, las estrategias del mercado también se fundan en un esfuerzo por construir la donante (o el donante, en el caso de gametos masculinos[8]) perfecta, destacando aspectos tendientes a la perfección física o el alcance de estándares de belleza convencionales, logros intelectuales, optimización de aspectos específicos de la personalidad y rasgos de “deseabilidad social”[9]. De esta manera se crea lo que Baudrillard llama “el orden de la simulación”: una condición cultural donde los signos (la identidad presentada de la donante) se vuelven cada vez más ajenos a su referente original (la persona real) hasta que la realidad desaparece[10]. Esta tendencia se reproduce de forma escalofriante en las construcciones en torno a conceptos profundamente humanos y, sospechosamente, esencialmente vinculados a la condición de la mujer, como, por ejemplo, la maternidad.
Esta operación constituye un esfuerzo del mercado por alentar a los receptores del material genético a creer que al comprar estos óvulos no están adquiriendo un simple material genético, sino comprando la posibilidad de que su hijo encarne la personalidad, intereses e identidad social presentados de la donante. Como argumenta Bokek-Cohen, esto constituye un consumo simbólico de perfiles de donantes, así como de sus signos y significados. Así, la inclusión de información no heredable sirve a una función comercial crucial: un esfuerzo por “desmercantilizar” la transacción[11].
Al presentar pasatiempos, rasgos de personalidad y aspiraciones de vida como “parte del paquete”, los intermediarios enmascaran la transacción comercial subyacente bajo un velo de cumplimiento de identidad; alientan a los receptores a formar conexiones emocionales con identidades abstractas; y transforman el intercambio de mercado en una narrativa de “encontrar la pareja perfecta”, de hacer “match”.
Esta estrategia de mercadeo plantea preguntas críticas para el derecho privado, en relación con la validez del consentimiento informado de una operación de venta de material genético humano mediante narrativas de fantasía; respecto de la manipulación de los receptores del material genético, a quienes se hace creer que están adquiriendo también rasgos de la personalidad futura de un niño; respecto de la identidad, que ya no se construye como un proceso dictado por el azar, sino que es susceptible de construcción dirigida a partir de las aspiraciones (y el poder adquisitivo) de los padres[12].
II. Reproducción estratificada
Adicionalmente, el mercado de donación de óvulos no opera como un espacio económico neutral; por el contrario, está moldeado a partir de lógicas coloniales, lo que se demuestra a partir de las diferencias en las compensaciones con base en criterios como el color de la piel o la proveniencia; así, en contextos como el norteamericano o el europeo, se compensa mayormente a las mujeres blancas, con un nivel educativo superior y con características de belleza convencional; mientras la compensación es significativamente menor para las donantes migrantes, latinas, asiáticas, europeas del este o africanas[13].